31 de enero de 2011

Entrevista alfajorística

Hace algunos días tuve el lujo de poder entrevistar al Lord de los Alfajores. Para los que no saben, el Lord comenzó hace algunos años un blog (http://losalfajores.blogspot.com) en donde coloca críticas de la tradicional golosina argentina. Pero la cosa no quedó ahí, porque la exposición de su sitio fue aumentado y se convirtió en una catapulta que le permitió ser entrevistado en diversas radios como la Rock and Pop. Quiero agradecer publicamente al Lord por darme la oportunidad de entrevistarlo y tenerlo cara a cara para hablar de esa pasión nacional llamada alfajores. Pero basta de preámbulos, pasen y lean.

El Señor de los Alfajores

Por Alejandro Spagnoli

Sábado al mediodía y la sensación térmica ya supera los 30 grados. En Buenos Aires, ese Pandemónium donde el asfalto arde y el aire quema, no parece haber escapatoria. En este desierto de cemento no hay espejismos ni oasis, a lo sumo bares con aire acondicionado que invitan a quedarse durante un buen rato. Los alfajores exhibidos en los mostradores de los kioscos se cocinan a fuego lento. Su descomposición se acerca lenta pero inexorablemente y los clientes lo notan, nadie se atreve a comprar uno. El Lord de los Alfajores no disfruta para nada este momento del año: “Siempre detesté el calor. El verano no es una buena época para los alfajómanos”, comenta. Su faceta como experto en alfajores comenzó cuando decidió abrir un blog llamado http://losalfajores.blogspot.com, espacio en donde realiza críticas que abarcan desde los colosos de siempre hasta los menos favorecidos, pasando también por los del montón y los alfajores denominados “raros” por su poca circulación en los negocios. El boom de sus valoraciones fue creciendo y poco a poco fue entrevistado por diversos medios de comunicación que captaron el fenómeno.

¿Cómo surgió la idea de hacer un blog con críticas a alfajores?

Empezó como un chiste, una noche con amigos nos pusimos a hablar y en ese momento me di cuenta que cada uno tenía un alfajor favorito. A partir de ahí empecé a indagar un poco más, pero también influyó una entrevista a un catador de vinos que leí. Los vinos son tan caros que muy poca gente puede probarlos para decir si el catador tiene razón o no, en cambio un alfajor es algo totalmente accesible para cualquiera.

¿El blog fue un éxito desde el principio?

Al principio no lo leía mucha gente o tal vez yo no me daba cuenta. Me llegué a preguntar si la idea valía la pena, pero un día puse un contador de visitas y ahí fui notando que cada vez había más gente que se interesaba. Después de ver que el blog crecía me lo tomé mucho más en serio.

¿Cuáles son los primeros recuerdos que tenés de los alfajores?

Uno de los que recuerdo es el Mar de Oro que era como un alfajor glaseado y también tengo muy presentes a los Guaymallen. No eran de la mejor calidad pero me gustaban, me los compraba mi vieja para ir al jardín y son cosas que van quedando.

¿Te gustaría que vuelva alguno que ya no existe?

Una vez hice una encuesta en el blog y la mayoría de las personas mayores de 30 años querían que vuelva el Suchard. Fue de los primeros alfajores en tener una consistencia más crocante, algo totalmente novedoso para la época… y el baño de chocolate que tenía era un delirio, una maravilla.

Una leyenda dice que los creadores de El Cachafaz son personal que se despegó de Havanna. ¿Sabés algún dato más de esa historia?

La gente de El Cachafaz me llamó para regalarme algunos alfajores y cuando les pregunté sobre ese rumor me dijeron que me podían contar la historia pero que “quizás no era cierta”. Al final preferí que no me cuenten y quedarme con la duda. La verdad no la sé, pero lo que sí es cierto es que los dos alfajores son muy parecidos. Es más, creo que El Cachafaz terminó ganando la batalla. Obviamente que Havanna sigue siendo una excelente opción.

Del Capitán del Espacio se contaba un rumor parecido: se dice que era un trabajador que se fue de Havanna y puso su fábrica en Quilmes…

La parte que dice que trabajaba en Havanna no me consta, lo que es verdadero es que se hacen en Quilmes. Es un hombre que se encarga de todo, como era en las fábricas de antes. Le ofrecieron comprar la marca un montón de veces pero no quiere. Por eso es un alfajor que no tiene una gran distribución, a veces cuesta conseguirlo.

Una crítica al Capitán del Espacio en tu blog te trajo muchos problemas…

Nunca pasó de una discusión vía internet. Lo cierto es que mucha gente no termina de entender que lo que escribo en el blog no es la verdad absoluta, es lo que yo pienso. Que yo diga que El Capitán del Espacio no es el mejor alfajor no significa que para otro no pueda serlo. Estoy tan capacitado como cualquiera para opinar porque se trata de un gusto personal. Eso es algo del blog que me molesta pero a la vez me gusta, porque me parece increíble que un tema tan trivial como un alfajor pueda causar tanto en las personas que lo leen.

¿Qué puertas te abrió el blog de los alfajores?

Conocí gente muy interesante, la blogósfera está llena de gente muy inteligente, muy divertida. Tengo que agradecer al blog la cantidad de amigos que hice. Una vez me pasó que en una reunión de bloggers alguien me presentó como el Lord de los Alfajores y todos se quedaron sorprendidos, fue algo muy loco. Otra cosa buena es que muchas empresas me mandan alfajores para que los pruebe, el Blanco de Cachafaz lo probé antes de que saliera en los kioscos.

¿Y en el campo laboral?

Por el blog pude escribir para la revista Joy, algo que no me hubiera imaginado ni en el más loco de mis sueños. También me entrevistaron en varias radios, estuve en la Rock and Pop que la escucho desde que tengo 10 años y por momentos me preguntaba cómo llegué a estar ahí.

¿Cuál fue el alfajor que más te decepcionó?

El Tofi y el Cabsha. Dos marcas a las cuales les tengo un gran respeto. Las dos se caracterizan por tener mucho dulce de leche, entonces cuando uno ve un alfajor con esos nombres piensa que tienen que ser un golazo. Lamentablemente no es el caso, al tacho directo. El Tofi incurre en uno de los que llamo pecados capitales del alfajor: deja la boca pastosa.

¿Por qué pensás que el alfajor está tan arraigado a la cultura argentina?

Creo que es como un paso intermedio entre la golosina y el “engañar al estomago”. El alfajor logra dar una saciedad mayor que cualquier otra golosina y eso se ve reflejado en los números: en temporada invernal se llegan a consumir seis millones de alfajores por día. Muchas personas no tienen tiempo ni de comerse un sándwich, entonces se comen un alfajor al paso y tienen combustible para seguir un par de horas más. Además en la cultura argentina también está muy arraigado el café, que es como un gusto complementario. Son dos caras de la misma moneda.

¿Qué diferencia tiene el alfajor argentino frente a los de otros países?

Yo probé de Uruguay, de Chile y de Perú. Son de otro estilo, son más chicos, muchos no tienen relleno de dulce de leche. En general son muy ricos pero me parece que el sabor de los de Argentina es mejor.

¿Tenés algún proyecto para el futuro?

Por cuestiones laborales no le estoy dedicando mucho tiempo al blog pero tengo varias ideas. Me gustaría hacer un corto que tenga como temática central a los alfajores, aunque todavía no hay nada concreto.

15 de enero de 2011

Desconexión temporal

Por Alejandro Spagnoli


El micro avanzaba sin prisa pero sin pausa y poco a poco fue dejando atrás a los gigantes de cemento. Luego, sólo un camino marcaba el rumbo a seguir, acompañado de un paisaje inmensamente verde y un sol que se escondía tiñéndolo todo de color naranja. De mi mente escaparon todos los pensamientos que la invaden cotidianamente, pero una idea permaneció ahí, presente y firme como un árbol de gigantescas raíces. La idea de olvidarme de todas mis ideas daba vueltas por mi cabeza sin parar.

Cayó la noche, olvidé incluso que quería olvidar. Mientras miraba las estrellas por la ventanilla y unía imaginariamente los puntos luminosos armando las constelaciones, llegué a destino. Decidí ir al mar, en mitad de la noche. La oscuridad era eterna, tanto que daba miedo. La nada misma. Todo y nada a la vez.

A partir de ese momento, comencé a disfrutar el tiempo de ocio. Viví durante nueve días como un niño que descubre el mundo, como una mente en blanco que tiene todo para absorber. Como un alma que recién empieza a vivir. Todo fue nuevo, incluso lo mismo de siempre.

No escribía, no miraba, no estudiaba, no me informaba, no leía los diarios, no miraba internet, nada de eso. Simplemente vivía. Disfrutaba mirando las estrellas, escuchando el sonido del mar o el violento retumbe de los parlantes de un boliche en una noche de fiesta. Pasada la mitad de las vacaciones, el tiempo comenzó a transcurrir más rápido. Los relojes nunca se dieron cuenta de eso, o quizás ellos también apuraron su marcha para engañarme. Y lo lograron.

Llegó el día del regreso. Al principio, sentí que seguía en blanco. Pero Buenos Aires no es un lugar para pensar en nada… y en ese momento recordé todo lo que había olvidado antes. Pero lo de antes tampoco era igual, algo había cambiado. El mundo coqueteó conmigo. Me invitó a subir de nuevo a él, y no me negué. Sé que no va a parar por un buen rato… pero eso es parte del juego también.