9 de mayo de 2011

Ser Argentino

Por Alejandro Spagnoli


Me desperté por el sonido del viento chocando contra el vidrio de mi ventana, miré al cielo y vi al sol brillar. La mañana invitaba a salir a caminar para pensar. O para escribir. La brisa fría me golpeaba la cara. Caminaba por Plaza de Mayo cuando pude escuchar a un hombre trajeado que le comentaba a otro: “Acá es peligroso, está lleno de ladrones”. Lo decía por los funcionarios que rondaban por las cercanías de la Casa Rosada. Esa frase tan gastada me hizo pensar en nosotros, en todos nosotros. En los argentinos.

Somos los que creemos estar en el culo del mundo pero que al mismo tiempo creemos que el planisferio fue maquiavélicamente puesto al revés, porque nosotros deberíamos estar en el lugar que aparece Canadá. Somos esos que odiamos y amamos a nuestra clase política al mismo tiempo… ¿Cómo no odiarlos si nos cagaron tanto que ya perdimos la cuenta? ¿Y cómo no amarlos si lo poco o lo mucho que tenemos se conquistó con sueños, esperanza y todo eso que se personificó en los caudillos que nos gobernaron?

Somos esos que el viernes comen pizza con los amigos y el domingo comen pasta con la familia, esos mismos que el sábado se mueren de ganas de comer un asado. Esos mismos que son adictos al mate de cada tarde. Dulce o amargo, no importa.

Somos aquellos que lagrimean cada vez que escuchan un tango de Gardel y al mismo tiempo lloran de alegría cuando su cuadro de fútbol gana un partido. Somos aquellos pesimistas que cada tanto se descubren así mismos sonriendo y siendo felices. Somos aquellos que queremos ser todo sin dejar de ser nada. Mezcla de tanos, gallegos, franchutes pero bien latinoamericanos y orgullosos de esas raíces que no se deben olvidar.

Agrandados pero generosos, ciclotímicos pero demostrativos, cambiantes pero pasionales, transgresores pero sensibles. Somos cara o seca, podemos ser todo o ser nada. Tenemos el poder de ser todo lo que queramos mientras estemos convencidos de que así tiene que ser. Calentones, nostálgicos, futboleros, inquietos, familieros…

En ese momento me levanté del banco en el que escribía algunas de las ideas que dieron origen a éstas líneas. Mi mente se bloqueó y no tuve más opción que guardar el cuaderno y la lapicera. La inspiración se había ido. Caminé un rato más y sentí que si alguien me preguntaba qué es ser argentino, no iba a poder responder. ¿Y cuál hay?