29 de junio de 2011

Dr. House

Sobredosis de sarcasmo

Por Alejandro Spagnoli


¿Qué tienen en común un médico extremadamente talentoso que salva vidas a diario con un hombre egoísta, cínico y sarcástico? Aunque parezca imposible, dichos atributos son parte de la misma persona. La serie House M.D rompió con el estereotipo del médico benévolo y políticamente correcto que habitaba en el imaginario popular para reemplazarlo por el doctor Gregory House, un personaje contradictorio cargado de mordacidad y actitudes excéntricas.

“Solamente resuelvo acertijos, las vidas salvadas son un daño colateral” es tal vez una de las frases que mas demuestra la incomodidad del Dr. House con el arquetipo del médico salvador que muchos intentan otorgarle por ser una eminencia en el campo de la salud.

Además de ayudarlo a resolver los enigmas más complejos de la medicina, su inteligencia superior le da una visión ácida y desencantada del mundo, mirada que lo convierte en un profesional que resulta tremendamente incómodo para sus colegas. Al mismo tiempo, su tremendo talento lo vuelve un compañero totalmente enriquecedor para cualquier médico que forme parte de su equipo.

Durante cada capítulo de la serie se presentan casos en los que debe diagnosticar afecciones poco comunes. En ese proceso, House y sus colegas piensan en varias patologías posibles que luego van descartando con ayuda de estudios y mucha observación.

Su forma de vestir varía en relación a la de los demás personajes. Mientras todos usan el clásico guardapolvo blanco, House siempre va vestido con pantalón de jean y un saco que lo diferencia del resto de los médicos. El mal humor que lo caracteriza es muchas veces atribuido al dolor permanente de su pierna que lo obliga a usar un bastón, sin embargo, en un capítulo pudo suprimir el dolor por completo cambiando el vicodin por otra droga más potente pero aunque su humor mejoró, su forma de ser aún seguía siendo punzante y desafiante.

Otro factor llamativo del personaje es su habilidad para resolver los dilemas médicos que suelen presentarse. House siempre elige traspasar las reglas para poder diagnosticar la enfermedad y tratar al paciente, siempre prefiere tomar riesgos elevados y apostar al todo o nada.

La serie hace notar solapadamente cierta similitud entre la medicina y el trabajo de los detectives. House se basa en los síntomas que funcionan como pistas y signos, formula hipótesis y empieza a descartarlas mediante estudios hasta que consigue resolver el enigma. De hecho, House tiene varias similitudes con el famoso detective Sherlock Holmes: ambos son adictos a algún tipo de droga, ambos son músicos y ambos son extremadamente perspicaces para analizar a las personas y sus actitudes.

Su centro emocional se encuentra muy profundo y aunque en ciertas ocasiones puede salir a la superficie, House prefiere mantenerlo resguardado debajo de su hostilidad. Quizás sea una vía de escape para él mismo, su mecanismo de defensa. Lo seguro es que Gregory House es la excepción a la regla, lo infrecuente y misterioso. Probablemente sea esa la razón de su éxito indiscutido.

8 de junio de 2011

Joker

Why so serious?

Por Alejandro Spagnoli


Durante la noche afloran muchos de los instintos que permanecen ocultos durante el día. Cuando cae el sol, la oscuridad aprovecha para transformar y enturbiar todas las sensaciones que nos rodean. Lo sencillo se hace complejo, la superficial se vuelve profundo y lo evidente, misterioso. Por alguna razón, el ser humano se siente atraído por las cosas que no puede comprender totalmente. Lo impredecible, lo inexplicable y lo perturbador son sensaciones que disparan la adrenalina y muchas personas se vuelven casi adictas a ese tipo de emociones.

Quizás esa sea la razón que permite que un personaje maligno hasta la médula como el Joker, sea al mismo tiempo, tremendamente carismático y atrayente. El dibujante Jerry Robinson fue el creador conceptual del villano que con el paso de los años fue rediseñado en numerosas ocasiones. En la película Batman de 1989, el personaje que fue interpretado por el legendario Jack Nicholson se hacía notar por los colores vivos de su ropa y de su maquillaje que le daban una apariencia tenebrosa. Varios años más tarde, una nueva imagen del Joker encarnada por Heath Ledger en The Dark Knight dejó huellas profundas en los espectadores, ésta vez el personaje dio un giro importante a su apariencia con un tono mucho más sombrío y desprolijo.

Pero más allá de los factores externos del Joker, existen también una gran cantidad de razones internas de su psicología que lo vuelven extremadamente atractivo y que lo convirtieron en uno de los personajes más influyentes de la historia de los cómics.

“¿Te cuento una cosa sobre el caos? Es justo” es una de las tantas frases del villano que sin duda lo ayuda a transmitir una filosofía de vida extraña y original, y sin duda remarca una forma de ser extremadamente compleja, lejana de los prejuicios y los estereotipos superficiales.

El Joker concibe al mundo como a una gran bola de fuego en donde cada persona intenta controlar su pequeña realidad haciendo planes sin percatarse de que el caos no sabe de medidas de seguridad. El caos es omnipresente y por eso el Joker juega con él todo el tiempo, para arruinar los planes de otros, para aterrorizarlos y demostrarles lo inútiles que son sus intentos de planear.

Su predilección por el desorden lo hace ser impredecible, indescifrable, un enigma eterno. No le interesa el dinero, ni el poder, ni la fama. No busca las cosas lógicas que pueden buscar el grueso de las personas y de esa forma esconde sus puntos débiles y sus verdaderas intenciones (que quizás no tenga) frente a los demás.

En contraposición con Batman, el Joker es la otra cara de la moneda. Aunque Batman también rompe las reglas a veces, su búsqueda de justicia lo hace tener más limitaciones y eso lo vuelve más rígido, mientras que el villano se vuelve cada vez más versátil y puede adoptar múltiples formas de obrar, de acuerdo a sus vaivenes constantes.

El arte de la seducción y la manipulación son habilidades que el Joker conoce y utiliza para que otras personas actúen para su propio beneficio. La forma de contar historias y las metáforas para hablar son mecanismos que utiliza para calar hondo en la mente de las personas y así poder instalarse en una posición de poder y sabiduría. Logra manipular a los demás sometiéndolos a situaciones límites que él mismo provoca para demostrar que tiene la razón y convencer a la víctima, técnica que utilizó con Harvey Dent para poder degradar su figura de hombre intachable de Gotham.

Sin límites, irracional, malvado, perverso, inteligente, seductor, profundo, manipulador… oscuro. Todos esos calificativos sirven pero no bastan, el Joker es el ícono de lo que más se teme, de lo inevitable y de lo inexplicable. Es el terror más profundo dentro de la oscuridad, es una tentación que repele y atrae desde las tinieblas. Pero como toda fuerza malévola también tiene su oposición… porque la noche siempre es más oscura antes del amanecer.

2 de junio de 2011

Crítica teatral: Las Islas

En su azul se tiñe el mar

Por Alejandro Spagnoli
(Publicada originalmente en Show On Line)


Casi en el fin del mundo, bien al sur, en dos pedacitos de tierra perdidos en la inmensidad del Atlántico, la ventisca embiste todo lo que se cruza en su camino: los arboles, las casas y la cara de un kelper son fuertemente golpeadas por la corriente de aire. Se trata de la misma ventisca que sigue soplando con violencia en la mente de cada ex –combatiente de la guerra de Malvinas; ese viento que sólo dejará de soplar y retumbar cuando las islas vuelvan a formar parte de Argentina, porque las Malvinas son argentinas… y como dice el presentador de la obra: “El que no ama las Malvinas, no es argentino.”

Pero las islas son más que un territorio perdido en un conflicto armado. Son un motivo, una circunstancia, una garantía de prosperidad, una tierra prometida, una historia redentora… una herida abierta. Dos manchas de sangre tatuadas para siempre en el inconsciente colectivo de la argentinidad.

Estrenada el 28 de abril en el Teatro Presidente Alvear, “Las Islas” con dirección de Alejandro Tantanian es la adaptación de la novela homónima de Carlos Gamerro. El desborde, la complejidad y la tragicomedia son algunas de las cualidades que más abundan en el espectáculo que sitúa la historia en junio de 1992 en Buenos Aires.

Tamerlán es un empresario déspota que se encuentra obsesionado con su hijo desaparecido durante el combate de Malvinas y encarga al hacker Felipe Félix encontrar a la persona que le envía los anónimos sobre el paradero de su hijo Fausto. Félix también combatió en la guerra y compartió momentos de batalla con Fausto, pero una herida en su cabeza bloquea sus recuerdos y los vuelve inaccesibles.

La dramaturgia tiene una carga simbólica intensa. La energía del sexo es algo casi omnipresente durante toda la obra y su presencia refiere a lo más instintivo de los personajes. La violencia y la frustración canalizada por el impulso sexual (a veces incestuoso) y la manifestación del poder casi rozando a la locura.

El guión se encarga de transmitir la idea de que el sueño de “recuperar Malvinas” funciona de cortina de humo. Como un perro persiguiendo su cola, más se persigue y más se aleja. Ver un futuro glorioso impide ver un pasado con un paisaje de ruinas y masacre. Impide pensar los motivos oscuros de una guerra absurda que funcionó como un manotazo de ahogado nacionalista para darle un empujón a una dictadura que tenía los días contados. Impide pensar en la tiranía y el maltrato a los propios soldados condenados a una derrota aplastante.

La musicalización, a cargo de un quinteto dirigido por Diego Penelas, logra dar los toques exactos de tensión, suspenso y sorpresa a las actuaciones que pueden variar de lo dramático a lo cómico en cuestión de segundos. El juego de luces es excelente y es otro pilar fundamental del espectáculo que se vale de muchos recursos para recrear el medio hostil en momentos de guerra: la guerra con los ingleses y la “otra” guerra.

La dictadura, Malvinas, los nazis, el menemismo, los noventa: todo se mezcla y se enreda en una trama intensa que representa la demagogia y los clichés peligrosos. El anhelo de revancha, de recuperar lo perdido, de volver a ser, de volver. Mientras en las islas, la ventisca sigue soplando.