28 de julio de 2011

Dispara primero, pregunta después

Por Alejandro Spagnoli


Un Martini con vodka, un smoking o un coche Aston Martin son objetos que rápidamente pueden ligarse a un estilo de vida demasiado exclusivo, pero si a eso se le suma un fuerte carácter y adrenalina pura, sin lugar a dudas se está hablando de James Bond.

Sin embargo, la vida del famoso agente secreto no puede ser definida sólo por objetos de valor y sensaciones límites. El 007 posee también una marcada personalidad que lo hace volverse el centro de atención de los círculos sociales que frecuenta. La velocidad para tomar la iniciativa, el coraje y su profesionalismo son algunos de los rasgos que lo vuelven una máquina capaz de cumplir las misiones más difíciles.

Con el paso de los años, el personaje de 007 fue encarnado por distintos actores y aunque la esencia siempre fue la misma, cada intérprete produjo modificaciones en las actitudes y carácter de Bond. Las sutiles diferencias que se fueron presentando con los cambios de actor hicieron que Bond atraviese diferentes etapas en las que podía incrementar su carisma, su agresividad y su humor entre muchos otros atributos.

El primer James Bond fue interpretado por Sean Connery, quien es considerado por muchos como el mejor de todos los tiempos. Entre las características principales del primer agente 007 resaltaban su galantería, su carisma y distinguido sentido del humor. Connery pudo plasmar en Bond una gran cuota de refinamiento sumado a un estilo personal muy elegante y cautivador.

En 1969, George Lazenby se puso el smoking y dio aires de menor formalidad al agente británico. Su nuevo estilo no duraría mucho debido a que On Her Majesty's Secret Service fue la primera y última película que George filmó como Bond.

Más tarde, fue Roger Moore quien imprimió un estilo más imponente y radical en James. La clásica rigidez del espía fue reducida notablemente en ésta tercera versión. Además, Moore otorgó una cuota más de entretenimiento a la saga. Por ser el actor que más tiempo duró en el papel, pecó de verse con una edad bastante avanzada en sus últimas entregas, factor que no impidió la aprobación del público.

De carácter más violento y temperamental, Timothy Dalton fue considerado como uno de los más parecidos al James Bond de las novelas de Fleming. No obstante, sólo interpretó al espía en dos películas y debido al desinterés del público pasó sin pena ni gloria.

La irreverencia, el sarcasmo y la picardía fueron atributos que Pierce Brosnan sacó a relucir en la quinta versión del agente. El público volvió a interesarse con las tramas de las películas y logró escalar entre los primeros puestos como mejor intérprete del personaje.

Luego de varios intentos fallidos para que Brosnan continuara siendo Bond, el nuevo elegido para encarnar al agente fue Daniel Craig. Su primera película se estrenó durante el año 2006 con mucha expectativa. El Bond de Craig es menos seductor pero más pragmático, más agresivo, más frio e impulsivo. Con un estado físico impresionante, es una máquina de matar y cumplir objetivos.

Dichas transformaciones de James Bond no radican sólo en los diferentes actores que tomaron el papel, el espía es un personaje con una versatilidad especial y sus sagas ofrecen un reflejo del mundo en que vivimos. Así, sus mayores enemigos pueden ser los comunistas durante la guerra fría, grandes empresarios mediáticos que tergiversan la realidad y oscuras organizaciones vinculadas a la apropiación de recursos naturales del planeta. En Bond no sólo se materializa lo mundano, también es la esencia de un paladín que sin descanso lucha por un mundo más seguro y su figura trasciende todas las épocas.

21 de julio de 2011

Kirchnerismo para principiantes

Por Alejandro Spagnoli


Si hay algo que no se puede negar que tenga el Kirchnerismo, ese algo es la tenacidad. Pero llevada al extremo, esta cualidad tiende a transformarse en terquedad. Ese rasgo es el que está caracterizando al oficialismo desde la victoria del PRO en las elecciones de la Ciudad de Buenos Aires.

Muchas veces la terquedad fomenta la perseverancia para concretar los objetivos, pero otras se convierte en un impulso irracional que no entiende razones. Durante las últimas semanas, dicha obstinación se manifestó de diferentes formas en el oficialismo:

1. Pese a que un intelectual oficialista como Ricardo Forster afirmó que la campaña del Frente para la Victoria no fue buena y que teme una derrota más dura en el balotaje, Daniel Filmus insiste con presentarse a la segunda vuelta ignorando el tremendo gasto que ocasiona a la Ciudad frente a las bajas probabilidades que tiene de remontar el resultado.

2. Cómo si eso fuera poco, el Jefe de Gabinete Aníbal Fernández manifestó que el 47% que eligió a Mauricio Macri son ciudadanos desinformados, menospreciando al electorado y al mensaje que transmitieron a través de las urnas. No es la primera vez que sectores del Gobierno Nacional deciden ignorar la realidad o echar la culpa a los medios cuando los resultados no son los esperados.

3. La militancia cibernética del Kirchnerismo no cesó de menospreciar a los votantes. En cientos de blogs, twitters y facebooks se enlazó una explicación para que no se vote a la “publicidad más linda” y si al “mejor proyecto”.

4. Daniel Filmus prefiere seguir haciendo foco en criticar la gestión del PRO en lugar de hacer una campaña en la que destaque sus propias ideas y proyectos. Las pocas ideas que manifestó prometían mas fuerzas de seguridad en las calles, medida que se contradice bastante con su postura política general y lo vuelve un candidato híbrido con ideas enfrentadas.

5. El Frente para la Victoria le reprochó a Mauricio Macri el derrumbe en el boliche Beara que provocó dos víctimas fatales al mismo tiempo que el propio Daniel Filmus formó una alianza con Aníbal Ibarra que era Jefe de Gobierno cuando ocurrió la tragedia de Cromañon con 194 víctimas fatales.

Por el momento hay balotaje y las campañas continúan. Lejos de enriquecerse el debate, las chicanas y la ausencia de ideas propias es lo que abunda en la Ciudad de Buenos Aires. La puja por el poder sigue estando por encima de la vocación de hacer buena política y la inocultable desesperación del Kirchnerismo sólo la hace más evidente. La decisión final será el 31 de julio. Antes de eso hablan los candidatos, después; el pueblo.

17 de julio de 2011

No hay equipo

Por Alejandro Spagnoli


Primero se le echó la culpa a Messi. Después a la defensa, al medio-campo y al arquero. Se le echó la culpa a Maradona por la derrota en Sudáfrica. Durante el partido contra Uruguay en la Copa América varias cosas cambiaron: Lio Messi jugó muy bien, dio pases importantes y causó desbordes. Diego Maradona ya no ocupaba el lugar de Director Técnico y a pesar de todo no alcanzó. La Selección fue derrotada nuevamente y se sumó un nuevo fracaso a la lista.

Si algo está quedando al descubierto en los últimos campeonatos internacionales de fútbol es la degradación de los seleccionados latinoamericanos. Tanto en el mundial de Alemania como en el de Sudafrica las finales fueron disputadas por equipos europeos y en la actual Copa América, dos equipos de gran jerarquía como Argentina y Brasil fueron vergonzosamente eliminados.

Ahora empiezan a escucharse reproches nuevamente. Se intenta culpar a Tevez por el penal mal ejecutado, pero el problema no es ni de Tévez ni de Messi. Ni de Mascherano, ni siquiera de Batista. El problema son todos, el problema es el equipo. Porque para que un equipo funcione tiene que existir un proyecto sostenido durante el tiempo que permita que los jugadores puedan conocerse, confiar y tirar para el mismo lado.

Por más talento que haya en el plantel, el talento por sí sólo no sirve. Se necesita algo más, se necesita trabajo, pasión, dedicación, coraje... cualidades que los jugadores poseen pero que no quedan plasmadas en la actitud colectiva y que repercuten en los resultados. La culpa no es de alguno en particular, es de todos en general y hasta que cada uno no asuma la parte que le toca, los resultados van a seguir siendo los mismos.