23 de septiembre de 2011

Mentiras piadosas

Por Alejandro Spagnoli


Una de las frases más notables del Dr. House afirma que: "todos mienten, la única variable es sobre qué". A primera impresión puede resultar exagerada pero la frase es tan mordaz como cierta. La mentira es una forma de ocultar o modificar la realidad y la mayoría de las veces tiene una finalidad bien definida.

Un estudio realizado por la Dra. Nancy Darling, en la Universidad Estatal de Penn determinó que el 98% de los estudiantes consultados les mentía a sus padres. Este resultado se contradice bastante con el hecho de que la sinceridad y la franqueza son cualidades tremendamente valoradas en la sociedad actual.

Lo cierto es que la mentira es una herramienta que todos utilizan a diario, sin importar de qué situación se trate. El hecho de mentir es propiciado por una cierta variedad de motivos: se puede mentir para no hacerle daño a algún ser querido, se puede mentir para lograr que las cosas salgan de cierta forma y se puede mentir para evitar malos tragos.

En base a esto se considera que hay dos tipos de mentiras: las mentiras ventajeras que esconden deseos egoístas y las mentiras piadosas que se hacen con intenciones altruistas. Sin embargo, las “mentiras piadosas” también pueden ser ubicadas en el plano de las simples mentiras egoístas si se parte del punto de que toda compasión esconde una necesidad propia de no lastimar a otro.

Este razonamiento refuta completamente la categoría de “mentira piadosa” reemplazándola por el hecho de que toda acción parte de un deseo de satisfacción propio.

Por otro lado, muchas personas sienten repulsión hacia cualquier clase de mentira y tienden a usar una sinceridad punzante y agresiva. Prefieren molestar con la verdad antes que evitar fricciones con mentiras complacientes. La verdad que suele ser una virtud se transforma en defecto.

La película Liar, Liar, protagonizada por Jim Carrey es una parodia extrema que exhibe los resultados que provocaría tomarse en serio el juego de decir siempre la verdad. Al comienzo del filme, el protagonista es un mentiroso empedernido. Su habilidad para la mentira lo hizo exitoso en su trabajo pero fracasado en su vida familiar. Todo cambia cuando un misterioso hechizo le impide decir mentiras por un día completo y esa sinceridad animal lo lleva a verse envuelto en un completo caos.

A fuerza de escenas bizarras y divertidas, la película deja en claro el concepto de que no se puede vivir mintiendo pero tampoco se puede vivir diciendo la verdad. Situarse en cualquiera de los dos extremos da como resultado una vida disfuncional plagada de errores, decepciones y problemas.

Entonces… ¿Cuál sería la dosis justa de verdad que se necesita para mantener un equilibrio?

Es probable que incluso las “mentiras altruistas” tengan fines egoístas pero eso no significa que no se pueda discernir sobre la conveniencia de decir la verdad o una mentira en ciertos casos.

La serie House M.D demuestra en varios episodios como cierto tipo de mentiras puede salvar a los pacientes y por supuesto que el Dr. House no titubea al momento de engañar cuando de diagnosticar y salvar vidas se trata. Métodos controvertidos pero resultados efectivos.

Con tantos ejemplos resulta difícil ubicar a la mentira dentro de lo malo o lo bueno. Se puede decir que la acción de mentir per se es simplemente una herramienta… de las repercusiones que tenga podrá definirse su moralidad. Los resultados de cada mentira son también subjetivos, por lo tanto, cada persona puede evaluar de manera diferente los perjuicios y los beneficios dando lugar a una discusión de difícil resolución.

Por lo tanto, mentir es una opción, una herramienta, algo que viene incluido con la libertad de cada persona. Algunos pueden usarla más y otros menos, algunos mejor y otros peor. Algunos buscando una forma de “justicia” y otros buscando el beneficio propio. Lo único cierto es que todos mienten, la única variable es sobre qué.

20 de septiembre de 2011

Borges / Muñequita o juremos con gloria morir

Por Alejandro Spagnoli


Las obras “Borges” y “Muñequita o juremos con gloria morir” se estrenaron originalmente en formato díptico durante noviembre del año 2003 en el Thèatre National de Toulousse en Francia, con dirección de Matthias Langhoff.  Con el mismo formato pero con dirección de Juan Carlos Fontana, ambas obras fueron estrenadas el sábado 9 de Abril en el Teatro del Abasto.

“Borges”, la primer parte del espectáculo, relata la historia de un muchacho escritor y su admiración por el autor de “El Aleph”. La puesta en escena en forma de monólogo detalla en primera persona los sueños y los miedos del joven escritor que atiende la carnicería familiar. 

Cuando el protagonista logra tener a su ídolo cara a cara y hacerle una pregunta que llevaba años de ensayo, la respuesta de Borges lo deja desconcertado. En ese momento, la actuación llega al pico de intensidad y el desencanto se apodera de la situación. La bronca, la frustración de no poder ser, el compromiso con la realidad política y los mitos son ideas fundamentales que quedan plasmadas tanto en el guión como en el escenario.

La escenografía es sencilla pero concisa. Una mesada con tiras de asado y chorizos junto a un cuchillo de carnicero resuelven una poderosa simbología que sumada a la ira del personaje principal da como resultado una imagen de gran descontento.

La segunda parte del espectáculo continúa con “Muñequita o juremos con gloria morir” inspirada en el Manual del niño peronista de Daniel Santoro. “Muñequita…” es una obra con destellos de surrealismo que juega mucho con las figuras ambiguas. Un vestido gigante detrás de los personajes fija la idea de un ente, una carga o un anhelo y el descamisado que aparece en el escenario con un cajoncito fúnebre introduce la figuración del cadáver de Evita Perón en el relato. 

La obra se plaga de imágenes imprecisas que pueden expresar ideas diversas pero a la vez, todas tejen una trama alrededor de la historia argentina, el peronismo y los muertos de la patria. Los personajes tienen mucho de simbólico: el descamisado que persigue la ilusión del peronismo sin resignarse, muñequita que es un ser que se debate por dos personalidades opuestas y la costurera atormentada y llena de interrogantes.

Ambas obras logran relacionarse bien en el díptico, tanto “Borges” como “Muñequita o juremos con gloria morir” refieren a los mitos de los muertos y los intelectuales argentinos. El guión y la puesta en escena ponen de manifiesto la relación violenta y paranoica de la sociedad con sus íconos, las divisiones y el destino final.

7 de septiembre de 2011

Antihéroes de la vida cotidiana

Por Alejandro Spagnoli


“Héroe” es uno de esos conceptos que la mente asimila durante la más tierna infancia. Ayudar a los desprotegidos, acabar con la injusticia y salvar el mundo son temáticas ampliamente abordadas en las películas, las series y los dibujos animados. La masividad de estos arquetipos hizo que todo niño sueñe con ser el héroe que salve al mundo y a la humanidad.

Los héroes clásicos son personajes que dan todo por el bien común: la honestidad es su forma de ser. Su apego a las reglas es total, no por temor de romperlas, sino por creer que atenerse a ellas es lo correcto. Un personaje heroico no dudará en sacrificar su propia vida para ayudar a los demás, es puramente altruista… pone el bien de otros por encima del propio. Esa integridad que lo caracteriza es también su punto débil y su mayor tormento: un ejemplo es Spiderman que debe elegir entre salvar vidas y resignar su vida personal o tomar las riendas de su destino y olvidar la responsabilidad que su gran poder le otorga.

Pero a la sombra de estos héroes sacrificados que llevan su don como maldición aparecieron otro tipo de personajes que luchan contra la injusticia, aunque de un modo un poco menos convencional.

A su modo, también son héroes. Héroes desangelados, héroes sin nombre, héroes que no creen en nada, héroes con errores, con contradicciones y con vicios. Héroes que pecan y que son conscientes de eso. A estos héroes se los puede confundir con los villanos, pero la mejor forma para definirlos es como “antihéroes”.

Aunque parezcan opuestos, no lo son: ambos buscan el bien pero con diferentes ideologías. Los antihéroes no dudan en hacer las cosas a su modo. No temen actuar por ira, egoísmo… no le temen a su propia subjetividad.

El perfil siempre alude a un hombre con heridas profundas: un pasado horrible que dejó grandes traumas en el presente, muertes, rechazos y demás golpes que lo hicieron irascible, impulsivo y agresivo. Personajes como Wolverine o Batman no dudan en hacer una mala acción si el resultado final lo justifica, eso los vuelve sombríos e impredecibles.

Esa diferencia de accionar da lugar a muchas cuestiones que tienen que ver con la moralidad: un arquetipo busca el bien haciendo siempre lo correcto y dando el ejemplo para crear consciencia, mientras que el otro, prefiere que el resultado final sea el correcto pero sus métodos no son siempre lo más comunes. El enfrentamiento de estas posturas pone de relieve el ambiguo límite que divide a la justicia de la venganza.

Más allá de los personajes del cine y los comics, el tema también se puede plantear en el campo filosófico y sociológico. El dilema que presenta el accionar del antihéroe es el mismo dilema que se presenta cuando las vías legales no parecen ser el método más efectivo para lograr la idea de “justicia”. Cuando los procedimientos del Estado son insuficientes para corregir las acciones delictivas puede surgir la idea de una “justicia paralela” libre de trabas burocráticas. Esa justicia puede resultar efectiva pero es a la vez ilegítima y por lo tanto es también una violación a la ley.

Sin embargo, los antihéroes que ejercen esa “justicia fuera de la ley” cuentan con un carisma especial. Ese atractivo que emanan se debe a que sus motivaciones pueden ser contradictorias pero al mismo tiempo son totalmente emocionales. Es muy difícil que una sociedad obligada a soportar injusticias a diario no se identifique con este modo de actuar.

Las personas se tragan las injusticias, soportan resoluciones absurdas, observan las contradicciones del sistema, contemplan como el poderoso se aprovecha del débil y luchan contra sus propios demonios internos a diario. La figura del “antihéroe” nació cuando todos esos factores se fueron condensando en el inconsciente colectivo.

Mientras que los héroes luchan por un mundo perfecto, los antihéroes aprendieron a vivir en un mundo donde el mal existe y existirá. Copiaron sus métodos y tratan de hacerle frente de alguna forma. Un antihéroe es alguien que aceptó que el ser humano tiene errores y contradicciones, es alguien que se cansó de ser pisoteado, alguien que se cansó de perder… pero por sobre todas las cosas, es alguien que prefiere los hechos antes que las palabras.